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Prólogo de Freddy Ginebra

Presentación del libro de Gabriel Turielle Manual de supervivencia para músicos emprendedores

 

Conocí a Gabriel Turielle en un festival de música que se celebraba en Argentina. Ambos éramos invitados, y parte de estos encuentros consiste en intercambiar con otros de la industria las experiencias en nuestros respectivos países. Gabriel, un joven melómano y músico, me contaba muchos de sus proyectos y lo difícil que era implementarlos, a veces por falta de fondos y otras por complicaciones inherentes a la industria.

Gracias al mundo cibernético y a los muchos reencuentros posteriores, esta amistad fue creciendo y nos seguíamos los pasos. Me sorprendía la velocidad con que se movía de un país a otro: un día, Colombia; otro, México, y muchas más veces, su entrañable Uruguay. Cada vez que nos comunicábamos, me contaba de un nuevo afán en el que estaba envuelto: talleres, conciertos, festivales.

Una mañana, cuando visitaba Montevideo, lo llamé para saber de sus afanes y quedamos en reunirnos para tomarnos un ron que le había traído de mi isla. A Gabriel, como a mí, le gustan las bebidas espirituosas, además del vino.

—Tengo algo que pedirte —me dijo al teléfono.

—Pues llega puntual y hablamos antes de que el ron nos convierta en superhéroes.

Sentí su risa incontrolable del otro lado. Gabriel llegó 15 minutos antes de lo previsto. Nada como el ron dominicano para hacer milagros. Abrazos, besos, “¡qué bien estás, no te pasan los años!” (mentira que acepto con alegría). Cuando me dicen que estoy igualito, me preocupo: ¡esa frase es lapidaria!

—¿Solo o con hielo? —le pregunto destapando la botella.

—Primero solo, para saborearlo, y luego quizás le ponemos un poco de hielo.

Hace un poco de frío y el ron es un perfecto compañero para combatirlo. No puedo evitar interrogarlo:

—¿Estás solo? ¿Dónde dejaste el amor? ¿Dónde vives? ¿Te quedaste en Montevideo?

Gabriel, entre risas, me va contestando y me pone al día.

—Dime —ya dispuesto a escuchar, lo miro fijamente.

—Sabes que llevo muchos años batallando en este mundo de la música —me dice—, asistiendo a festivales, ayudando a artistas para que logren presentar sus trabajos, etcétera.

Guardo silencio esperando más.

—He pasado un buen tiempo recolectando todas esas experiencias vividas y las he convertido en un libro. Me he dado cuenta de que los problemas de los músicos son los mismos en todo el mundo, de que tenemos los mismos obstáculos, de que adolecemos de las mismas fallas, de que nos equivocamos, de que nos deprimimos cuando se nos hace imposible lograr lo que queremos. Diseñé un manual en el que trato de dar respuestas y buscar soluciones a todo lo que pueda enfrentar un artista de mi medio para acceder el mundo que le espera.

—Yo no soy músico —lo interrumpo.

—Lo sé —contesta rápido—, pero toda tu vida has vivido al lado de artistas, manejas una institución hace casi 50 años, has visto nacer y morir muchos proyectos, has visto cómo algunos se pierden en la neblina del olvido y el fracaso. Freddy —y aquí intensifica—, ¡has vivido! ¿Quién mejor que tú para leer y presentar este manual?

Me mira esperando una respuesta, acerca la copa y la huele.

—¡Rico aroma! —comenta.

—¿Cuándo me lo envías?

—Lo están terminando de corregir. En unos días lo tendrás en tus manos.

—Para mí, es un honor —le digo—. Lo leeré y, con mi estilo, haré los comentarios. Nada me dará más alegría que acompañarte en esta aventura, en la que quizás puedas ayudar a tantos a evitar errores y experiencias fallidas y encontrar el camino verdadero.

Una semana después recibí el manuscrito por internet. Lo tengo en mis manos. Me sorprendo por su volumen: este no es un manual más para salir del paso, sino todo un libro. Además, con colaboraciones de personas del medio que han vivido lo que cuentan. Me tomó dos o tres días leer el material. Asombroso: el autor ha pensado en todo y, cuando algo no lo ha vivido, ha buscado experiencias de quienes sí.

Cinco divisiones tiene el manual. Es casi un manual de vida que podría servirle a cualquier artista en la disciplina que sea, aunque está orientado a la música y los músicos. Hay capítulos universales, que me sorprenden por su asertividad y lo detallados que están sus puntos. Se ve que son experiencias vividas, transitadas y largamente recorridas.

Me impresiona su practicidad, el conocimiento de los intríngulis de un universo tan complejo como el del artista y su supervivencia, en un mundo que cada vez se hace más competitivo. El libro va de un tema a otro, pasando por tópicos como el ego, la autoestima, el éxito, la domesticación de la mente y hasta el poder personal.

Los consejos son válidos porque son creíbles, son la pura realidad vivida. No se inventa nada: se camina sobre una ruta ya mil veces transitada por artistas de la música de todos los tiempos. Se habla sobre la misión y la visión de la carrera. No menciono los nombres de los colaboradores, pero todos hablan con tal propiedad y tal dominio de sus campos que no me cabe ninguna duda de que son expertos en los temas.

El manual te invita a salir de tu zona de confort, a arriesgarte, a dar un salto al vacío, pero te da los instrumentos para hacerlo, te muestra la ruta. Nos habla de la forma de negociar, primero con uno mismo y luego con otros, de la forma de saber cuándo pedir ayuda, cuándo agradecer, cómo comportarse en diferentes escenarios de la trayectoria del artista.

En la tercera parte nos presenta un panorama muy actualizado del negocio de la música, su visión no sólo del ayer, sino del mundo convulso en que vivimos hoy. Nada se pierde de vista. Cada detalle, por más pequeño que sea, se toma en cuenta y se analiza. Es tan completo este manual que cuando habla de los derechos de autor, de firmar o no con una disquera, señala los pasos a seguir.

¿Grabar un disco? Aquí sabrás cómo hacerlo. También recibirás consejos como qué hacer antes de grabarlo y qué tener elaborado, e información como qué son un productor artístico, el mastering y la publicidad digital. Es impresionante la visión del mundo de los festivales, independientes o comerciales, las ferias y los mercados. Hasta proporciona un listado actualizado de nombres y firmas, al que pueden acudir los músicos y los autores para comercializar sus trabajos.

Una parte que la gran mayoría de los artistas desconoce es qué hacer para internacionalizar su carrera artística. El manual aporta valiosísimas recomendaciones. También habla sobre la importancia de las ruedas de prensa y las giras, y de cómo el artista puede encontrar el diferencial frente a sus pares. Las redes sociales son armas muy poderosas que hay que tener en cuenta en el mundo en que vivimos. El poder de este medio es asombroso. Este manual también lo analiza y da consejos. Para finalizar, el autor nos da su visión espiritual de lo que debe ser un artista, un músico en este caso; algo muy personal pero muy atinado.

Estoy seguro de que este libro es un poderoso instrumento para quien ha sido tocado por los ángeles y posee un don musical. La música es la expresión favorita de Dios (versión muy personal). A todo aquel que está en la industria —músicos, cantantes, programadores, directores de festival, técnicos, agentes de prensa— le servirá. Es un gran libro que ahorrará mucho tiempo a quienes lo tengan y les facilitará el tránsito por la carrera que han decidido recorrer. Nada se escapa. Es un plan de vida que se acerca a la perfección. Lo garantizo.

 

Freddy Ginebra

Director de Casa de Teatro
Santo Domingo, República Dominicana