fbpx

Negociación

Negociar con uno mismo, la madre de todas las negociaciones

Como comentaba en la introducción, soy informático, profesión que en su momento adopté porque necesitaba dinero para mantenerme mientras hacía camino con la música. Allá por 2007, decidí dedicarme de lleno a Contrapedal y dejar de lado los proyectos de tecnología. Estaba obsesionado con seguir mi sueño y sentía que el universo tenía que conspirar para eso. (Después me di cuenta de que al universo hay que ayudarlo un poco.) Más o menos al principio me fue bastante bien, pero luego entré en una crisis económica que me paralizó. De alguna manera, buscaba resolver la situación en la que estaba a través de las mismas tareas que venía haciendo. Me obsesioné tanto con que tenía que ser de esa forma que quedé bloqueado, porque las soluciones no aparecían. Yo no quería volver a ser analista de sistemas. Para mí eso era fracasar, era ser un perdedor. Poco a poco me fui rebuscando y resolví. Utilicé la creatividad y pude ampliar mi espectro de acción, aunque en aquel momento no cedí lo suficiente. Por algún motivo, uno siempre tiene la oportunidad de volver a probarse, así que tuve que negociar conmigo mismo, una y otra vez. Incluso volví a hacer software para financiar proyectos musicales. Aprendí que hay que despojarse del orgullo, pensar en frío y llegar a acuerdos internos. Hoy día, con tal de llegar a una meta, estoy dispuesto a ceder y hacer lo que haga falta si eso ayuda con mi objetivo. Por lo general, un proyecto creativo no genera lo suficiente hasta haber pasado por un largo proceso de trabajo. Mientras tanto, se debe disponer de dinero, recursos y tiempo para invertirle y vivir. Procurar esos elementos, eventualmente, requiere de hacer tareas en las que uno puede no sentirse cómodo. El orgullo y el ego (cuándo no) te ponen a prueba. Lo increíble es que a veces donde más cómodos nos sentimos es donde más nos bloqueamos. Por algún motivo entramos en la zona de confort y en el exceso de confianza, que nos aprisiona. Yo, por ejemplo, negocio permanentemente con mi ritmo para hacer las cosas. Cuando estoy con mucha energía, soy como un buey que no puede parar. Pero hacer algo cada día, aunque no tenga la energía, sigue siendo un verdadero aprendizaje. Sabiendo que cuando estoy conectado soy muy productivo, tiendo a relajarme. Así que negocio conmigo para avanzar en alguna cosa cada día, independientemente de mi estado de ánimo. Negocio levantarme temprano, aunque sienta una pereza increíble. Pongo fechas de entrega a los proyectos y negocio conmigo para cumplir. Cuando se es independiente, no es posible detenerse ni para descansar. No queda otra que aprender a negociar con uno, ponerse metas y hacer lo que haya que hacer para cumplirlas: trabajar la voluntad. La técnica de negociación personal consiste —una vez más— en despojarse de emociones, acallar la mente y aplacar el ego; mantener la visión sobre la meta; transitar el camino dando los pasos que sean necesarios para llegar al objetivo. Una vez que se llega a él, es muy importante premiarse, hacerse un regalo, tomarse un tiempo, sentir la satisfacción y agradecer mucho.

Negociar con otros

Negociar es el arte de hacer confluir diferentes intereses para llegar a un acuerdo que beneficia a las partes. Ten en mente que cada vez que te relacionas con personas, de una manera u otra, estás negociando. Cuando dos personas se encuentran, cada una intenta llevar a la otra a su terreno. Si te das cuenta, todos hablamos de nosotros mismos, intentando captar la atención y la energía del otro. Para negociar bien, hay que ponerse en el lugar de la otra parte, comprender sus intereses y buscar cómo, con lo que somos y tenemos, obtenemos del otro lo que necesitamos. A continuación, te dejo algunas recomendaciones para ayudarte a negociar mejor.

  • No entres a una negociación sin la suficiente fortaleza emocional.
  • Muestra siempre buena voluntad.
  • Llama a la otra persona por su nombre.
  • Si te sientes más fuerte que el otro, no lo demuestres.
  • Si te sientes más débil que el otro, no lo demuestres.
  • Jamás te muestres desesperado.
  • Comienza reconociendo y halagando sinceramente a la otra persona.
  • No te comprometas con algo que sabes que no podrás cumplir.
  • No comprometas a otros con algo que tú debes cumplir.
  • Habla poco. Más bien escucha y trata de leer a la otra persona.
  • Ponte en el lugar del otro, siempre, y mira las cosas desde su mirada.
  • Tu propuesta debe sonar a consulta; ¿qué te parece si…?, ¿qué opinas de…?, ¿qué tal si…?
  • Siempre cede en algo, no te apegues a tu orgullo.
  • No cedas tanto hasta sentirte incómodo; después es difícil volver atrás.
  • No tires tanto de la cuerda. Evita que la otra persona se sienta incómoda.
  • Si sientes que es necesario mantenerte firme, hazlo, pero no seas inflexible.
  • Si no logras un acuerdo, date un tiempo para volver a la negociación.
  • Si discutes, perdiste.
  • Tu palabra te representa: si prometes, cumple.
  • Si no puedes cumplir con lo que pactaste, avisa y vuelve a negociar.
  • Haz siempre aquello que dices que vas a hacer.
  • Cierra todo lo que abras.
  • Si las partes cedieron en algo y sienten que ganaron algo, la negociación terminó.
  • Agradece el acuerdo.

La regla de las tres partes

La regla de las tres partes dice que, cuando en un proyecto convergen tres partes diferentes que tienen sus propios intereses, ese proyecto prospera. Cuando un proyecto involucra a dos partes, siempre hay un tira y afloja, en el que es común sentir que uno gana más que el otro. Las tres partes equilibran la energía y generan estabilidad. Trata de generar en tu proyecto puntos de confluencia que, además de a ti, beneficie a dos partes más. Vas a ver cómo eso funciona.

 El arte de relacionarse

Si hay algo que al trabajar con la música se convierte en un hecho es que tienes que aprender a relacionarte con las personas. En el arte de relacionarse hay dos elementos claves: la reputación y la palabra. La reputación se va construyendo con el tiempo. A medida que haces cosas, se percibe tu búsqueda, tu persistencia y la mejora continua. Vas dejando clara tu intención. Si cuando dices que harás algo, lo haces, cumples con tu palabra y adquieres buena reputación. La reputación, buena o mala, surge de las acciones y te trasciende rápidamente por medio de las redes de personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *